Verano 1997


Fue una llamada telefónica ordinaria a mi Madre, en la cual recibí una mala noticia incluida:

  • “Tu tío Mago falleció…”

Era el mes de mayo. Se terminaba un semestre más en la Universidad, y de una buena vez, la carrera universitaria, que me mantuvo atado a Mexicali los últimos siete años. Ya tenía los planes listos para regresar al hogar familiar, con certificado en mano.

La mala noticia me llevo a la reflexión, era muy alto el precio de haber salido de casa y mantenerme lejos. Era un alto costo el perder a un ser tan cercano, el no volver a verle y resignarse a solo tenerlo en el recuerdo. Me vino a la mente sus bromas, su voz. El vacío que queda, de no poder agradecerle esa cortesía tan grande de mantener su casa abierta siempre para mí. El gran detalle de siempre compartir su mesa.

Verdaderamente fue un momento muy amargo para mí. Pero no podía hacer nada. Ya había pasado. Estaba lejos y como buen estudiante, sin recursos para viajar inmediatamente. La frustración también se hizo presente.

Recuerdo que pensé mucho en mis tíos, sus hijos. “Los Corona”, más bien mis hermanos. El pensar en cómo estarían, la reacción de cada uno de ellos, con sus ideas y caracteres tan diferentes.  Pero cometí un error muy grande, no paso por mi cabeza el sentir de mi tía. La esposa, esa su compañera por tantos años. Ahora su viuda. Son de esos equívocos involuntarios, seguramente por inmadurez.

No me entere de los detalles del acontecimiento, ni quise hacerlo. La escuela terminaba, pero el trabajo era demandante y abundante también en el restaurant Chalet. Tenía tantas cosas agolpadas dentro de mí, que mi comportamiento se alteró y un mes después me enviaban a descanso obligatorio por veinte días. Aproveché el regalo y viajé de regreso a casa.

Un viaje en autobús de más de 3000 kilómetros, no es una empresa fácil. Pero cuando no se tienen suficientes recursos, no hay alternativa. De la Central Camionera del Norte, pedí un taxi y creí prudente llegar primero a la casa del tío fallecido.

Me recibió el hijo mayor, era una mañana fría y semi-nublada. Platicábamos abiertamente en la pequeña sala de la casa, mientras esperaba a que mi tía saliera de su recamara.

Cuando apareció ya venía con el llanto ahogado a saludarme. De esos llantos generados por un dolor genuino. Nos abrazamos y nos contagiamos de dolor y lágrimas. La luz del sol entro despacito por la ventana, un silencio largo se hizo presente también. El hijo mayor nos observaba y no, con la cabeza baja. No hubo palabras por largo rato. No había nada que decir. Creo que nunca hasta entonces había experimentado una pérdida tan grande. Logramos controlar nuestro dolor y ya sentados, de su propia voz, me entere de todos los detalles. Lo sentí como un desahogo se podía tocar esa necesidad de sacar en palabras la desolación de su experiencia. Yo simplemente escuché. Estaba mudo. Dolido. Sorprendido. Triste.

Después vino la calma y ya más resignados me despedí para poder llegar con mis padres. Había terminado ya esa desolación y ansiedad de un mes atrás. La fiesta de nuestra parroquia se hacía presente por los juegos de la feria en las calles. La vida continuaba. Por el camino encontré y salude a varias personas que conozco desde niño y pensé en la fragilidad del ser humano. Creo que estas experiencias nos ayudan a ser más sensibles con nuestros semejantes. Mientras, me asaltaba un recuerdo de mi tío, caminando por esta calle, con un costal al hombro como lo hacía a diario, alrededor de las tres de la tarde.

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Viejo Cebollín

Generalmente inicio mis labores haciendo un listado mental de las prioridades del día, metido estoy en este ejercicio, cuando se abre la puerta con su característico ruido y aparece ella, ahogando la risa que traía desde el pasillo. Despacito entra. Sin ruidos. Cuando volteo a verla, el choque de miradas es instantáneo. Desinhibida, extrovertida, sonriente, saluda. Trae un par de libros, pretexto idóneo para salirse de la clase y perder algunos minutos visitando la biblioteca. Me mira coqueta, mientras se roba los dulces del contenedor de cristal. Y uso el verbo robar, porque nunca pidió permiso para tomarlos. Me guiña un ojo, la sonrisa persiste. Espera alguna broma de mi parte. Trato de permanecer serio, mirándola fijamente.
De pronto se torna desesperada, se aleja caminando, regresa… me muestra un dulce entre los labios, lo saborea y se carcajea. Se toca el pelo, se acomoda los lentes, y finalmente pregunta:
– ¿Todo bien en mi cuenta?
– ¿No estaban tarde verdad?
Confirmo con un movimiento de cabeza. Se gira rápidamente para dirigirse a buscar otros libros. Repentinamente para, con los dos pies muy juntos y solo gira la cabeza para volverme a mirar. Finjo estar atento a la pantalla de la computadora. Levanto la vista hacia ella se encoje de hombros y vuelve la carcajada. Lleva un suéter mal puesto que le permite mostrar el torso, con la camisa blanca oficial de la escuela.
Agita las manos, juega con su cabello, acaricia algunos libros, hojea otros. No toma ninguno. Cambia a otra hilera de repisas, sabe que la sigo con la vista. Me busca entre los huecos que quedan entre libros. Siguen las risas. Pregunta cualquier cosa, pero no espera por la respuesta. Pregunta por títulos que sabe que no están. Y recomienda otros que son de su agrado. Todo esto sucede mientras se contornea distraídamente.
Flexiona las rodillas, da pisotones y camina sin idea alguna. Se acomoda los pantaloncillos, tirando de ellos hacia arriba. Se estira como si se acabara de despertar. Voltea a verme y vuelve a reírse…
Regreso a mi pensamiento y me pregunto:
-¿En qué momento esta niña aprendió este comportamiento?
-¿Estoy imaginando?
-¿Es un tipo de Seducción? ¿Es coqueteo natural? ¿Perturbación mía?

No han pasado más de cinco años, desde que la dejaban en la puerta de la escuela, muy temprano. Con un gorro de estambre en la cabeza, una falda que se le miraba grande y unos zapatos del tipo ortopédicos. Nos conmovía verla ahí en el frio y le abríamos la puerta para que entrara, aun cuando no pertenecía al programa. Nos agradecía el gesto y se sentaba callada, con la mochila en sus piernas. No volvía a hablar. Por lo mismo era de las primeras en la fila del desayuno.

Recuerdo haberle visto filtrarse como el agua con la muchachada en los pasillos, con esa carcajada tan particular que hasta ahora mantiene. Pero el día menos pensado ya la mire convertida en mujer. Le broto una mira de ensueño, que se clava entre sus compañeros varones y los embruja. Tambien, se le reventaron los labios como las flores cuando dejan de ser simples botones.

Tal vez desapareció de la escuela doce meses pero regresó doce pulgadas más alta.

Los estudiosos de la psicología humana mencionan que una persona desde su infancia, percibe de manera clara, el grado de aceptación que tiene entre los demás. Y pasa con esto, a reforzar en gran medida la confianza en sí mismo, al grado que bien puede, en algún momento de su desarrollo posterior, explotarlo como un arma manipulativa.

¿Es entonces, un intento de manipulación?

Y aunque también se dice que entendemos y sabemos perfectamente cuando hacemos bien y cuando hacemos mal, es en nuestra segunda opción que quitamos de manera conveniente la etiqueta “manipulación” y lo interiorizamos como un don o rasgo personal para abrirnos paso en la vida. Consiguiendo algunos privilegios.

Me asalta una duda más personal y vuelvo a mis pensamientos con algunas preguntas:

¿En qué momento hice yo el registro de toda esta descripción? ¿Es acaso parte del regalo memorístico natural de mi persona o me estoy saliendo del script?

Me asusta el pensar que me pueda estar convirtiendo en un viejo cebollín. De tres a cinco pelos, cabeza blanca y rabo verde.

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La Maleta

Como en la mayoría de los seres humanos, durante el periodo de adolescencia, -años clave para definir el carácter de la persona- cometí muchos errores. La etapa convulsiva termino con mi salida del hogar familiar con rumbo desconocido sin un proyecto definido, sin una idea clara, solo la fuerza rebelde que me empujaba a hacer cosas diferentes. Volver a empezar fue difícil. Y creo, desde siempre, me di cuenta que escogí el escenario más difícil: Mexicali, Baja California.
Debo reconocer el apoyo de algunas personas para aliviar mi estancia en esta tierra, estancia que para nada fue fácil. Inmediatamente me di cuenta de una pérdida invaluable: El calor de hogar, que siempre tuve y al que de manera voluntaria renuncie. Porque debo presumir dados los escenarios actuales, que durante mi formación en casa, siempre conté con un padre 100% responsable y una Mama de tiempo completo.
De este difícil nuevo inicio, ya pasó más de un cuarto de siglo. Intento regresar a mi familia y a mis raíces tantas veces como me sea posible. Olvidando o dejando a un lado, el costo, en su momento mi escuela y por supuesto mi inevitable trabajo.
Cada regreso es diferente, no siempre veo a la misma gente no siempre encuentro a todos mis amigos y amistades y cada vez encuentro a menos. La muerte no descansa. Lo que si se repite es un gozo con la cocina de Mama y una atención inmerecida para hacer mi estancia demasiado grata y una vuelta hacia atrás, difícil. Pero hay un elemento que es como una promesa para volver a repetir la experiencia: mi maleta.
Es muy diferente de ida que de regreso. Cuando la hago para salir pongo las cosas más necesarias y sin mucho orden ya de regreso en Baja California huele a mi casa a mis raíces, ¡sabe a Mama!. Generalmente no la vuelvo a tocar, se mantiene en el closet hasta el próximo viaje. A veces se me termina la ropa regular y entonces recurro a la maleta. Es cuando experimento esta nostalgia a la casa familiar, el orden, el olor a jabón, el perfecto planchado y el acomodo impecable. Que a veces me arrepiento y no saco nada, me quedo solo con la experiencia del agradable olor y ese trato tan delicado que mi madre da a la ropa y que actualmente nadie practica ya. La ropa ahora es desechable.
En mi trabajo tenemos bolsas y más bolsas de prendas que los estudiantes “olvidan” pero que jamás, nadie reclama. Y que al final del año escolar se tienen que donar, al revisarlas no hay una prenda que haya merecido el trato que se merece después del buen servicio que dan. Unas descosidas, otras rotas, las más, percudidas y mal lavadas.
Recuerdo también el guardarropa de mi ex mujer, era súper extenso, tal vez como el de cualquier mujer. Pero estoy seguro que no sabía ni lo que tenía. Solo que era, una colección descuidada a más no poder. Tan es así que si se tratara de mascotas, lo interpretaría como maltrato y/o crueldad animal.
Estos dos ejemplos anteriores hacen que mire mi maleta como un tesoro pirata, un cofre de monedas de oro, un puñado de joyas finas. El cual siempre que abro activa mi memoria visual, olfativa y hasta gustativa. Recordándome siempre que el trabajo de mi Mama de tiempo completo sigue vigente. Motivo por el cual debo planear mi próximo regreso, ser agradecido porque aun puedo compartir con ellos y de ser posible reflejar con tiempo de calidad.

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CDMX

Hace algunos meses se dio una noticia en medios Nacionales: El Distrito Federal, cambiaria de nombre, pasaría a ser Ciudad de México. ¡Qué manera más ociosa de perder el tiempo! Como si cambiando el nombre, los problemas inherentes de dicha ciudad se resolvieran de raíz. Sabemos que esta práctica es común dentro de la política mexicana. Recordemos las mil renovaciones del PRI, con nuevos slogans, logos y dirigentes. Y el organismo va de mal en peor.
Las “instituciones” del gobierno federal, -si es que cabe llamarlas así- cambian de forma, pero no el fondo. Persisten las malas prácticas aun cuando se estrenen nombres y departamentos. Para muestra: el desprestigiado IFE, que ahora es INE. No mejora en nada, pero ellos sienten como si hubieran revolucionado a la par de la Cuba de Fidel. El águila “mocha” de Vicente Fox, que levanto revuelo, críticas y gritos. Pero no hizo mejor al gobierno federal ni fue consecuencia de un mejor país. Los colores en los taxis, que no mejoran el servicio, pero generan grandes ganancias para ciertas eminencias del comercio y avispados emprendedores.
Las patrullas de varias ciudades cambian de color según el partido en el poder, sin garantizar la paz y seguridad de sus ciudadanos. Algunas empresas y para estatales que, con un cambio de imagen, creen mejorar de manera sustancial sus productos y servicios. Sin lograrlo, por supuesto. Claros ejemplos de falacia y vanidad.
De regreso al tema de la CDMX, y después de la trascendencia histórica del cambio de nombre, vino como noticia de ocho columnas el hecho de que se tendría que hacer una asamblea constituyente para redactar la constitución política de la “nueva” ciudad. Por simple razonamiento lógico, sabemos que si ya existen otras constituciones en otras entidades federativas del Estado Mexicano. No representa entonces ningún reto la nueva redacción. Pero nuestros pésimos políticos, “cacarean el huevo” como si se tratara de una tarea de dimensiones titánicas.
El asunto tiene “jiribilla” –palabra que expresa “una mala intención o una doble intención”. En estos días es de dominio público, que el primer estacazo de esta constitución es un ataque a la propiedad privada vía la plusvalía, y prevén que todo bien inmueble que suba de valor, la diferencia o ganancia generada sea para la ciudad, como según dicen se hace en algunos países europeos.
Resulta sorpresivo y no. Sorpresivo sí, porque nuestro desinterés e inocencia en estos temas como ciudadanos, nos toma siempre en la curva. Sorpresivo no, porque sabemos que nuestra clase política es de naturaleza voraz y su satisfacción nunca llega. De manera que tienen que estar permanentemente inventando mecanismos “chingativos” para continuar viviendo del presupuesto.
Muestra viva adicional a lo que escribo son los “paquetes” que la mal llamada Reforma Energética se remataron al mejor postor de las muchas compañías que se dieron cita ante tan inverosímil remate. Generando dinero y empleo para dichas empresas en detrimento de los mexicanos que trabajan en Pemex en las diferentes zonas, en donde tiene presencia dicha paraestatal. (Tabasco, Minatitlán Ver., Cadereyta NL, Salamanca Gto. etc.) Sin mencionar por supuesto la limitación que se hace en áreas de la petroquímica, lo cual se entiende como un desprecio total.
En el mundo empresarial serio y comprometido los cambios positivos en manufactura, producción o imagen, se justifican como un proceso que añade un valor a nuestro producto o servicio y no por simple capricho como lo del águila mocha de Fox –entre otros muchos ejemplos-

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Peñejadas


Esta mañana como parte de mi rutina inicial, encendí el televisor para “escuchar” noticias. Esto pasa mientras hago algunos preparativos para arrancar mi día. Repentinamente me di cuenta que estaba escuchando de forma repetitiva una frase: “Las cosas buenas, casi no se cuentan, pero cuentan mucho”.

Volví mi vista hacia la pantalla solo para descubrir que se trata de un promocional del gobierno federal y que tiene como protagonista a nuestro desprestigiado y sinvergüenza presidente.

Sin lugar a dudas es un esfuerzo, de su parte por salir del pantano de suciedad en el que se encuentra. Algún “brillante” asesor ha decidido por él, y lo ha puesto debajo de los reflectores, de cara al próximo informe de gobierno.

Trabajo en el área de Educación, y parte fundamental de las nuevas estrategias pedagógicas, es incentivar el pensamiento crítico en los alumnos. Pues bien, hagamos una aplicación de este concepto, con el spot de esta mañana: 

Pronunciándome como un ciudadano común promedio de este país, pensaría al respecto bajo los siguientes razonamientos:

  • Es un spot poco creíble, falto de realidad, maquillado, con ciudadanos de a “mentiritas” (¡casi actores…pues!!) con ejemplos que se dan posiblemente, uno por millón.
  • Es un ejercicio que costará al erario público, tanto en producción como en difusión, una cifra espantosa de dinero. Cifra que por supuesto se convertirá en un misterio. (opacidad)
  • Los resultados de este spot, será solo para alimentar de “memes” las redes sociales, es decir la ganancia de esta “inversión” será mínima sino es que nula.
  • Es esa práctica recurrente de auto promoción, es auto adulación, es narcisismo puro.
  • Es además el resultado –no sé si final- de un discurso repetitivo del presidente, a exigir que se promuevan las cosas buenas que pasan en México y no, solo las malas

En el spot se insistió en la frase: Corregir lo que está mal. Pero no se mencionan ejemplos. (Porque no los hay) Se hace referencia “a la alegría del mexicano” pero también al “derrotismo”. Lo primero es característica inherente de un ser humano, un gobierno no puede influir en eso. Por otra parte, el “derrotismo” es consecuencia de una atmosfera, de un medio ambiente exterior, la cual SI puede generar un mal gobierno.

 Finalmente, y como parte medular de mi reflexión, yo le diría de frente a este personaje que, en el mar de aconteceres diarios en este país, el porcentaje de cosas buenas o positivas o dignas de mencionarse, son MINIMAS, en relación con la cantidad de fatalidades, malas noticias, aberraciones, traiciones y calamidades.  ¿Sera por eso que las cosas buenas no se cuentan?

Y les dejo un botón: En estos momentos un campesino Oaxaqueño, está preso por haber cazado 3 conejos en los montes de su región, hecho que sucedió en el 2012 pero que hasta ahora, en 2016 la pronta y expedita justicia mexicana toma acción, porque se dieron cuenta que ésta cacería, se realizó en una “zona protegida”. La condena será de 9 años de cárcel.

Mientras, en otras entidades del país, ya es generalizado el saqueo por parte de servidores públicos de primer nivel –léase gobernadores- Y tenemos a Moreira en Coahuila, Padrés en Sonora, Duarte en Chihuahua, otro Duarte en Veracruz, Graco en Morelos, Medina en Nuevo León, Kiko Vega en Baja California etc. etc. etc. Quienes hacen verdaderos saqueos y grandes robos a la nación y se pasean con sus ínfulas imperiales y sus aires de grandeza sin que les pase absolutamente nada.

Así que, si se pone en la balanza, por un lado: el apoyo a un emprendedor ó la beca para una joven de bajos recursos ó la ayuda en insumos para un productor de aguacate. Y por el otro lado cualquiera de los saqueos, anteriormente señalados. ¿Pretende usted Sr. Presidente, que lo bueno se note? ¿Y que en verdad ese poco, cuente mucho?

¡Por favor!

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317 Meses


En aquel febrero del 90 experimente uno de los momentos más difíciles de mi corta vida de 20 años. No pretendo ser trágico pero así lo sentí y así lo viví. Justo después de algunos meses de felicidad, esta se esfumo. Se perdió todo en una sola noche. El alcohol me ayudo. Mi eterno aliado para bien y para mal.

El vacío en mí, se agrando cuando me miré en la frontera. Estando apenas en Guadalajara le escribí mi primera carta, porque aún la sentía cerca, pero ya en Tijuana mi esperanza se reía de mí. El más grande temor me envolvió y apareció un pensamiento fugaz pero real: No la volveré a mirar nunca más. Mis pensamientos tomaron mas certeza conforme pasaron primero los meses y después los años.

Aferrado a su recuerdo conservo todas sus cartas y la única foto que me dedicó. Solo años después me di cuenta de todo lo que no hice, de lo que no dije, pero sobretodo lo que permití que en ciertos momentos, dejara de importarme. Traje conmigo también, sus ojos molestos, sus palabras duras, su despedida por carta, su boda, su negativa a entrevistarse conmigo cuando paso por Mexicali. Me acompaño por años la incertidumbre de su felicidad, los aconteceres de su vida cotidiana, sus temores, sus sueños y la salud de su recuerdo hacia mí.

Fue la incertidumbre total. Una duda por años. Un pensamiento que te hace perder el sueño y la calma por las noches.

El tiempo que todo lo cura y la magia de las redes sociales, permitió que pasado un cuarto de siglo volviéramos a cruzar palabra y nos actualizáramos el uno del otro. Entender palabras, hechos y actos de personas que estuvieron entre nosotros y poder distinguir a quienes sumaron y los que restaron para que no termináramos juntos.

Pero solo 317 meses después, volvimos a vernos a los ojos y nos hablamos con abierta sinceridad y gozo. Fue muy gratificante tenerla conmigo en calurosos días de Julio, poder serle útil, intercambiar recuerdos, contarnos verdades y volver a leer las cartas de ella, que atesoro en una cajita metálica y que compartí con gran alegría. Fueron momentos realmente buenos. Aunque falto tiempo.

Pude gozarme de su sinceridad y belleza. De su inteligencia natural que siempre admire. Su ser introvertido, su plática fluida, su pensamiento lucido, su cortesía y su generosidad. Características que desde 1989 mire en ella y que traduje con una frase simple: “Es tan especial que no parece una muchacha de rancho”. –me dije entonces-

Su risa contagiosa permitió que me olvidara hasta del terrible verano. Su visita permitió que  cerráramos ciclos y quedáramos en paz. (Al menos yo, así lo siento)

Agradezco públicamente sus continuos buenos días y buenas noches, sus palabras de aliento, sus consejos y hasta sus bromas. Lamento mucho no darme el tiempo para contestar esas atenciones con la frecuencia que quisiera. De cualquier forma todo esto suma en la lista de cosas que ayudan en gran medida a que pueda sentirme feliz aquí en mi inherente soledad.

Me resulta imposible no relacionar ésta historia con el gran Gabriel García Márquez y su obra “El amor en los tiempos del cólera”

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La Suegra


En el libro “La agresividad, comprenderla y evitarla” de Christian Zaczyk, abundan los chistes sobre las suegras y sostiene que esta práctica es una manifestación de agresividad hacia ellas, que termina casi siempre en un conflicto, aceptado como algo inevitable. La verdad es que comulgar con las opiniones de una madre política no siempre será fácil.

Contrario a esta tesis debo de admitir que en mi experiencia personal, me he llevado mejor con mis suegras que con mis parejas sentimentales. Traigo esto a colación ya que recién me entero del fallecimiento de una de ellas, y me resultó imposible volcar mis pensamientos a los gratos recuerdos que guardo de ella.

Doña Francisca, “Pancha” de cariño.

Debo solicitar la omisión de ese pensamiento ligero, que pudiera llevar a suponer en la adulación hacia la persona, una vez que ha fallecido. Estas líneas son una necesidad de externar gratitud y reconocimiento a esa persona. Por error, de manera indirecta y tardía.

Era de admirarse su capacidad de convocatoria, para reunir a la familia. Su casa era siempre punto de reunión para otras personas, incluso familias enteras. Y no es porque tuviera la casa más grande y mejor acondicionada de la ciudad. Tal vez el concepto equivocado que manejamos de un buen hogar, es el de un espacio enorme, confortable, exageradamente ordenado y pulcro. Cuando la realidad es que un hogar es donde abundan las risas y la buena platica. Los olores de su cocina y las fotos familiares de su sala, que evocan gratos recuerdos de sus miembros que ahí crecieron. Estas fotos no están retocadas, ni premeditadamente seleccionadas, son imágenes que muestran a las personas tal y como son, con sus rasgos físicos al natural. Son aquellas que fueron captadas en series de 12, 24 o 36 exposiciones y que eran suficientes, para mantener el registro de la evolución de sus protagonistas.

 Creo sin lugar a dudas que era su don de gente, y de buena cocinera. Su plática sencilla. Su sonrisa abierta. Su enorme gusto por las plantas, árboles y arbustos. De los cuales hablaba de una manera sabia, producto de la educación heredada de sus padres. – Don Antonio y Doña Valentina – ya que como hija de campesinos, fueron su mejor escuela: sus papas, sus abuelitos el sol, el agua y la tierra.

Disfrutaba platicar con ella, porque la transparencia de su alma le permitía compartir sus pensamientos, sus temores, incluso sus preocupaciones y dolores que también tenía. Su manifiesto orgullo por sus hijas, no así con sus hijos varones. Sus ideas que siempre compartía e incluso pedía opinión, para tratar de sortear los inevitables errores. Su cocina siempre abierta para quien tuviera hambre o simple antojo.

Mantengo vivo en mi memoria el día en que sin proponérmelo, logre reunir a mi hijo con sus dos abuelas, con las dos Franciscas. Para lograr que captara la diferencia entre ellas. “Una es de Mama y la otra es de Papa. Una es pequeña y la otra grande” -le dije- “Una viene de Juchipila, Zacatecas y la otra de Abasolo, Guanajuato”  Ambas son tus abuelas. Fue una tarde redonda en la comida china.

Estoy seguro que todos quienes le conocimos la recordaremos siempre mientras continúe abierta nuestra memoria. Gracias por todo, Doña Francisca Salazar Lara, “Pancha” de cariño.

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Complejidad


Desde el punto de vista de la pedagogía, se debe enseñar en el aula con manzanas. Explicaciones simples para que nuestros estudiantes y en general nuestros interlocutores nos entiendan en la totalidad.

Como maestros, la mercadotecnia nos invade con un sinnúmero de materiales didácticos para cumplir con esta regla básica del binomio enseñanza – aprendizaje. De tal suerte que contamos con libros, cuadernos de práctica, posters y monografías. Ilustraciones, presentaciones electrónicas, mapas y diagramas. Transparencias y muchas otros auxiliares más como las modernas computadoras, laptops y tabletas.

Al menos en teoría, en nuestro diario vivir debería ser igual. Y sé que se intenta, pero pareciera ser que existe una antítesis de toda esta teoría, la cual confabula para que no se logre el ideal, del fácil aprendizaje. O será que de pronto, aparecen individuos y grupos que para sentirse importantes y llenos de ínfulas, complican toda explicación y quehacer, para después aparecer ellos como los héroes de las infelices y confundidas almas, que en resumen somos todos los que hemos caído en su juego explicativo.

Caso I

Casi por equivocación escuchaba la radio, mientras manejaba de regreso a casa. Inició un programa sobre nutrición llamado curvas peligrosas. La conductora con un lenguaje sencillo y una risa maravillosa inicia su disertación acerca de la buena alimentación. ¡Que si las proteínas!, ¡Que si los minerales! Que los venenos en nuestra actual alimentación. Que si los productos naturales ya no son tan naturales.

Bien. Pero ahora, debemos saber nuestro tipo de sangre y de acuerdo a esta determinación, si eres sangre tipo X te está prohibido esta lista de 865 alimentos e ingredientes, – Y los recita – pero si la sangre es del tipo Y resulta todo lo contrario. Agregar además pro bióticos de no sé cuántos millones unidades reforzado con espirulina de la clase A. Y suelta una carcajada que resulta ser como un tanque de oxígeno ante tan abrumadora andanada de información. Y continúa: citando alimentos tan raros como el tofu, el queso de almendra, y nombres de pescados que en mi vida había escuchado y por consiguiente juro nunca comer. Y vuelve su risa entre nerviosa y divertida. 7 minutos después ya no quería saber nada, pero absolutamente nada, de nutrición. Me quedé con la risa de la expositora. Punto.

Caso II

Un enlace en una página de Internet me llevo a un video con un asesor de imagen que inició su exposición con una historia sobre las corbatas y su uso a través de la historia, el tipo juro que era reglamentario tener al menos 3 corbatas básicas en el guardarropa. Después paso a los zapatos y de los zapatos a los trajes, en donde cito enfáticamente que los de color café, son prácticamente prohibidos. Entre más escuchaba, mi asombro crecía aritméticamente, mientras que mi comprensión de lo escuchado, se confundía de manera exponencial. Terminé pausando el video en el minuto 9:23. ¡No más información! Tan fácil que es vestirse y andar por la vida cómodo y contento.

 

Caso III

La politóloga Denise Dresser cita en otra disertación, 10 maneras sencillas para involucrarse en la vida política de un país. Y ser buen ciudadano. Partió por sacar la garra de todas las vergüenzas y desvergüenzas de los gobernantes y los gobernados. Las palabras pomposas y nombres de pseudoinstituciones mexicanas, cruzadas con leyes y códigos de diversa índole, más los nombre de un trillón setecientos veintitrés mil doscientos cuatro millones quinientos treinta y dos nombres, de servidores públicos, acabaron con mi paciencia. Ya no quiero ser ciudadano Mexicano. ¡Que complejidad!

 

Sin embargo logre entender la importancia de la zona de Israel, Egipto, Arabia Saudita y la Franja de Gaza, gracias a una cátedra gráfica de una persona que se tomó el tiempo para dar la explicación apoyada en un pequeño mapa de la región. Esto aclaraba mis dudas sobre la eterna guerra entre Israelíes y Palestinos. Y el papel del Estado Islámico. Aun cuando trajo a la plática no sé cuántas generaciones de nativos, nombres y linajes, que fácilmente  podían ser discriminados de la información realmente importante.

¿Porque no entonces, hacer capsulas explicativas sencillas que nos ilustren y dejar atrás aquellas que nos generan ansiedad y estrés? Además de confundirnos involucrándonos en mundos que solo habitan  en las mentes de cada una de las miles de personas que existen en el mundo. Cuando ya somos parte de éste mundo físico en el que vivimos y que es complejo ya, solo, por definición.

 

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Pueblo de miserables


Durante el reciente periodo vacacional de Navidad, cruzar la frontera hacia Estados Unidos desde México y viceversa, se convirtió en un acto heroico y audaz.  A ambos lados de la frontera se comentaba la voracidad de las policías locales para inventar infracciones y faltas tan grandes y tan variadas como el mundo.  En Mexicali las calles estaban atiborradas de “ofertas” con un sinfín de tenderetes y sombrajos.  Y en Caléxico el mercado de la pulga llamada Sto. Tomas, con innumerables jacales de madera y tela con sus techos altos eran sucios depósitos de mil cosas viejas, muchas inservibles, botes, botellas, harapos, costales, pero todo con un valor y en dólares!

La franquicia para cruzar mercancía del extranjero se incrementó, pero solo a gusto y criterio de los agentes aduanales en turno. Ya que también se inventan sus propias normas y reglamentos. Tramposos gariteros que se llevan su tajo, recitando sus propias leyes, de corridito y sin parar.

En alguna de esas tardes, fui testigo de lo minucioso de las revisiones que se hacen a los autos en la aduana mexicana. Un agente, lámpara en mano, tirado en el pavimento para revisar la parte baja de un auto, alteró mi estado de ánimo.  ¿Sera posible que lo que NO hacen, durante todo el año lo estén practicando ahora, conscientes de que la mayoría de la gente trae un poco más de dinero? En resumen: Se comportan como los perros, que hacen lo propio, en el sentido inverso de la garita.

Durante el largo peregrinar en la fila puede ser uno testigo, de las cosas más inverosímiles, pero que la mayoría de la gente mira con la misma tranquila indiferencia como si estuvieran viendo los tomates, los limones, los huevos, las zanahorias y los chiles en el mercado. Y ante la usencia de autoridad alguna, la gente en auto abusa y se mete a la fila, utilizando para esto la practica vil de “aventar lamina” o usando la astucia de los limpiaparabrisas que abundan al por mayor. Se colocan de manera burda y descarada frente a un auto, para que los de enfrente avancen y se abra un espacio donde pueda entrar el cliente en turno. Quien por una cómoda propina, recibe el servicio, ante la notoria frustración del auto frenado con tan tramposa maña. Se ve mucha gente vagabunda, haragana, corrillera, de vida libre y de la que no tiene asiento fijo, muchos de ellos pobres deportados. De vez en vez te encuentras ensartas de dos y tres tocando con insufrible desentono, chirimías, guitarras, trompetas, clarinetes, tarolas y tamborinos para acompañarse, siempre fuera de compás, canciones de amores o celos rabiosos.

Si se pone atención al enredado barullo, se descubrirá que van y vienen rufianes, churrulleros y matasietes, fanfarrones insolentes de cachucha volteada y tatuajes varios y lentos andares de columpio. Maestros en el ladrocinio.

Pululan los vendedores ambulantes que traen de todo linaje de niñerías y pequeñeces novedosas o de temporada, chucherías y golosinas. La gran novedad son las memorias USB para computadora con más de 2000 canciones. Quedaron fuera de mi descripción mil menudencias que venden con mucho éxito. Existen otros que entorpecen el libre tránsito con verdaderas murallas de cosas atiborradas. Sin faltar los muchos pedigüeños que con ojos bovinos recitan su pena.

Más adelante veo con asombro y cierta desesperación como bajan de los autos algunas personas, para cruzar a pie. Aun cuando frente a sus ojos, una docena de pantallas electrónicas mencionan en ambos lenguajes, que se prohíbe bajar de los autos. En la radio local el Lic. Antonio Magaña  menciona los alarmantes índices de contaminación del aire en la ciudad de Mexicali y en general en ambos Valles, provocados por la quema de pirotecnia y las fogatas, que dicho está de más: ¡también están prohibidas!

Cierta desesperación se apodera de mí al hacer un recuento rápido de nuestro presente: la narco-política, la trata de blancas, los desaparecidos, la ola de violencia que se desata en Mexicali. Los robos, los asaltos y los asesinatos en todo el país. Accidentes… !muchos!. El robo de gasolina en oleoductos, el robo del mismo combustible en franquicias de Pemex. El gobierno local y su desgobierno. Las muchas mentiras. El dólar que sube, el barril de petróleo que se deprecia. El nulo crecimiento económico. ¿Todo esto es real? ¿En todos los países del orbe suceden cosas así? ¿Porque nos empeñamos en proyectarnos hacia el mundo como un  ¡Pueblo de miserables!?

 

 

 

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Solvencia


Don Memo era una persona muy apacible. De platica abierta y buen sentido del humor. Como trabajador del magisterio, decidió donar parte de su tiempo de jubilado en las instalaciones de la Sección 2 del SNTE. En baja California. Su encomienda: sacar copias fotostáticas. En estas instalaciones y como parte de un sindicato, se miran a diario situaciones de muy diversa índole. Incluyendo algunas bellaquerías. La picardía de nuestro personaje permitía que estuviera muy receptivo a todo este tipo de aconteceres.

Práctica muy frecuente era aquella en la que los maestros acudían a estas oficinas, con cualquier pretexto. Razón por la cual departían horas enteras a la libre conversación y sobre todo a las grandes comilonas, situación que provocaba improvisadas tertulias dignas de recordarse. A menudo se tornaban en  conversaciones inaudibles que terminaban con estrepitosas risotadas. Momento exacto para la pantomima de Don Guillermo, quien fingía sorpresa y a la primera persona que encontraba  su alcance con cierta dosis de ansia, preguntaba:

  • ¿Escucho usted? Oiga, oiga….!!!

La persona en turno generalmente expresaba su confusión… (O expresábamos) porque yo también caí en tan inteligente juego.

  • ¿Qué cosa? Contestábamos.
  • ¡Las risas!
  • ¿Qué pasa con ellas?
  • Es pura risa de maestros con ¡Doble Plaza!
  • Es una risa holgada, feliz, despreocupada. ¡Grande!. De personas que demuestran una inequívoca solvencia económica y cuyas preocupaciones al menos en esa área son nulas.

Era un pequeño chascarrillo, con el que se divertía, pero que encerraba gran sabiduría.

Los personajes públicos que invariablemente se sitúan en la punta de la pirámide social y por consecuencia mantienen una solvencia económica notoria, proyectan de manera inmediata esa tranquilidad. No necesariamente equivale a felicidad, pero si apuntala la frase aquella de que el dinero no lo es todo, pero como ayuda.

Llevando esta teoría al plano practico, visualizo a la clase política que en sus frecuentes reuniones, se saludan con gran estruendo, con el abrazo y la correspondiente palmada en la espalda. Completamente seguros de que el pan y algo más, están asegurados. Recién termina la liguilla del futbol mexicano y especial atención me merecía ese enorme sequito de comentaristas, que proyecta esa gran paz. Se hacen bromas ñoñas, con comentarios adulantes los unos contra los otros, en un acto irrisible de complicidad y falsa camaradería. Se intercambian comentarios del clima en un lugar u otro del territorio nacional y/o internacional. Comentan de los productos locales y las comidas y lugares de moda, a los que por supuesto no tenemos acceso la gran mayoría, pero que en franca presunción aluden los protagonistas. Siempre se refieren entre ellos como “Mi querido…” o “Mi buen…” Apuestan en micrófono abierto alguna tontería. Y ríen permanentemente.

No es rasgo particular de comentaristas de una televisora en especial, en todas, la práctica es similar. En resumen, si de esta manera se proyectan los “gatos” del cuarto poder, imaginemos los protagonistas de este cuarto poder. Los del poder judicial, que es el tercero. Los del legislativo que representan al segundo  y los del ejecutivo. Es por eso que sienten vivir en un México diferente, en un ambiente distinto y distante y por consecuencia son insensibles a todo aquello que NO suceda en su séptimo cielo.

Cuánta razón tenía Don Memo. Primero, en manejarlo de manera chusca y segundo por disfrazarlo tan sutilmente para no herir susceptibilidades. Lamento profundamente  no recordar sus apellidos.

 

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